Cuando en mayo de 2017 Xi Jinping abrió el foro de la Nueva Ruta de la Seda apeló a tres proverbios para dimensionar su magnitud, la necesaria planificación y coordinación estratégica. Uno chino: “Un largo viaje solo puede realizar paso a paso”; uno árabe: “La pirámide se hizo ladrillo a ladrillo”, y otro europeo: “Roma no se construyó en un día”.

Si fuera por los proverbios, la conclusión es fácil: América en general y Latinoamérica en particular no está en el camino de la Ruta de la Seda, al menos no en su carril central. Sin embargo tendrá impacto, porque la iniciativa se propone dinamizar el comercio mundial y entonces una conexión más ágil interoceánica aparece, por ejemplo, como una de las posibilidades de inversión y desarrollo.

“Puede haber proyectos como el ferroviario, que cruzaría del Atlántico al Pacífico por el sur de Brasil, norte argentino, Bolivia y saliendo por Chile o Perú. Esos proyectos claramente vinculan el mineral de hierro del Atlántico brasileño con una salida con mucho menos costos en términos de logística y transporte”, comentó a Sputnik Gustavo Girado, director de la carrera de posgrado de Especialización en Estudios en China Contemporánea de la Universidad Nacional de Lanús.

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Fuente: mundo.sputniknews.com

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